Por: Ana Olmos / @aolmos
Publicado en: bez.es

Monitores de ordenador

Monitores de ordenador. Pixabay

Nos encontramos en un momento clave para la evolución de la gestión de los recursos críticos de Internet hacia un modelo más internacional, más multiparticipativo y global. El carácter libre y abierto de Internet está ligado a estos principios y a su carácter peculiar de gobernanza, en el que participan diferentes grupos de interés: Gobiernos, sociedad civil, empresas privadas y comunidad académica.

El próximo 30 de septiembre es la fecha en la que expira el contrato por el que la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información del Departamento de Comercio del Gobierno de Estados Unidos (NTIA, por sus siglas en inglés) mantiene su función supervisora sobre las funciones IANA. A través de este contrato, el Gobierno de Estados Unidos ha tenido hasta ahora la autoridad última sobre el sistema de navegación en Internet. Aun cuando la comunidad de Internet reconoce que IANA ha funcionado muy bien, que el Gobierno de Estados Unidos ha mostrado prudencia en su función supervisora y ejercido una labor principalmente administrativa, el simbolismo de que un solo Gobierno controle uno de los pocos puntos críticos de Internet es motivo suficiente para suscitar presión internacional y la reacción airada de la comunidad internacional, ligada también a los excesos del Gobierno de Estados Unidos en otras cuestiones de vigilancia internacional.

Un conjunto de organizaciones emitieron un comunicado pidiendo fortalecer los mecanismos actuales para la cooperación multiparticipativa e internacional en Internet

La labor operativa y funcional relacionada con la gestión de los recursos críticos de Internet fue delegada por el Gobierno de los Estados Unidos a una organización privada, ICANN a finales de los años 90, aunque mantenían la supervisión vestigial que ha sido objeto de tanto debate. En octubre de 2013, un conjunto de organizaciones involucradas en la coordinación de la infraestructura técnica global de Internet emitieron un comunicado pidiendo fortalecer los mecanismos actuales para la cooperación multiparticipativa e internacional en Internet, incluyendo expresamente la petición de acelerar la globalización de las funciones IANA.

En 2014 los ánimos estaban muy marcados por las revelaciones de Snowden y a nivel internacional se notaba la exasperación y la exigencia cada vez más rotunda de acciones significativas. Se recibió de forma muy positiva el anuncio en marzo de 2014 de que por fin el Gobierno de Estados Unidos tenía la intención de iniciar la transición de las funciones clave en el sistema de nombres de dominio a la comunidad global. En su anuncio, se solicitó a ICANN que desarrollase una propuesta de transición que satisficiera cuatro principios:

  • Que apoye y realce el modelo multistakeholder.
  • Que mantenga la seguridad, estabilidad y resiliencia del sistema de nombres de dominio en Internet.
  • Que satisfaga las necesidades y expectativas de los clientes y socios globales de los servicios IANA.
  • Que mantenga la apertura de Internet.

A raíz de este anuncio, se desencadenó una serie de eventos: se estableció un Grupo de Coordinación de la Transición de IANA, se elaboró una propuesta para el nuevo modelo de supervisión, la NTIA evaluó y juzgó suficiente este nuevo modelo y se iniciaron pruebas y planes de implementación que han ido completándose con éxito.

Los requisitos que pedía el Gobierno de EEUU

El nuevo modelo, que cumple todos los requisitos que pedía el Gobierno de Estados Unidos en su anuncio, la labor supervisora pasa de depender de una agencia de los Estados Unidos a un sistema multistakeholder (multiparticipativo e internacional) que protegerá la seguridad, la apertura y la eficiencia de Internet, a la vez que ayuda a satisfacer algunos de los retos a los que nos enfrentamos mundialmente relacionados con Internet.

En el debate global sobre la gobernanza de Internet, que afecta tanto a la gestión de los recursos críticos como a otras muchas cuestiones relacionadas, ha habido una tradicional oposición de ideas y modelos entre los diferentes actores. En concreto, ha habido una gran controversia sobre el rol de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (y las Naciones Unidas, paraguas bajo el cual se articula la UIT) en Internet.

Dos facciones han dominado el debate: mientras que unos gobiernos (Estados Unidos, Europa, Japón y otros) apoyan un modelo en el que todos los grupos de interés contribuyen en un modelo multiparticipativo e internacional que incluya a representantes del sector privado, la sociedad civil y la comunidad científico-técnica, otros gobiernos (China, Rusia y algunos países de Oriente Medio) apoyan una estructura en el que los gobiernos tengan más peso, un sistema que llaman “multilateral” o intergubernamental, donde los actores principales son los Estados y el vehículo más probable, la UIT.

Estamos ante un intenso trabajo realizado de forma conjunta por la comunidad de Internet con una fuerte base técnica, académica y social que no debería verse afectado por objetivos políticos estadounidenses

La propuesta que está ahora sobre la mesa y que sustituiría el acuerdo actual ha tenido un fuerte respaldo por parte de los principales representantes de la comunidad de Internet. El último escollo ha venido de la mano de la política estadounidense: algunos miembros del Congreso de los Estados Unidos han expresado sus reservas con respecto a permitir que esta transición tenga lugar, con voces solicitando su bloqueo o el retraso de la misma.

Tanto Internet Society (ISOC), como otros cuerpos técnicos y comunidades de Internet, así como numerosas empresas de Internet (Google, Yahoo!, Amazon y Facebook, entre otras) han apoyado públicamente la transición tal y como está planificada. La sesión parlamentaria que tuvo lugar el pasado 14 de septiembre en el Congreso de Estados Unidos mostró argumentos contundentes a favor de que la transición se produzca tal y como está previsto, poniendo de manifiesto que las protestas lideradas por el Senador Ted Cruz están mal fundadas y muestran un pobre entendimiento del funcionamiento de Internet.

Cualquier retraso podría provocar una inestabilidad en el sistema, alentando a los países antes mencionados a empujar otras propuestas de transición que excluirían a importantes sectores de la comunidad de Internet y estarían menos alineados con el Internet libre y abierto como lo entendemos. Estamos ante un intenso trabajo realizado de forma conjunta por la comunidad de Internet con una fuerte base técnica, académica y social que no debería verse afectado por objetivos políticos estadounidenses. Esperemos que el 1 de octubre nos despertemos ante una nueva Internet: la que funciona como siempre ha funcionado, pero se ha desligado de esa supervisión que ponía a Estados Unidos en una situación privilegiada.